Herramientas de una crianza respetuosa

La crianza es un asunto que atañe a toda nuestra sociedad, tan importante que son necesarias políticas, programas de mejora y la activación de múltiples recursos para proteger la infancia y asegurar su bienestar. Educar personitas, no solo como padre sino como educador u otro trabajador de la infancia es tremendamente complicado, continuamente se van explorando formas de acompañar la niñez más efectivas (y afectivas) que aseguren el mayor beneficio posible para nuestros peques.
Es aquí donde el enfoque respetuoso tiene mucho que añadir, todos podemos educar de forma respetuosa en algunos momentos, y en otros (aunque con toda nuestra buena intención) podemos entrar en dinámicas de gritos, etiquetas, chantaje, reproches o acusaciones. Venimos de un modelo de crianza jerárquico en el que el adulto habla y el niño es quien obedece. La crianza respetuosa más que un modelo, es una forma de percibir la
infancia (y la vida) basado en la empatía, el respeto, el vínculo, la coherencia y el continuo aprendizaje.
A continuación os acercamos algunas herramientas de interés para poder aproximarnos a un modelo más cuidadoso y útil de tratar a los más pequeños y darles un valioso lugar en la sociedad.

Herramientas para favorecer una crianza respetuosa

Una de las herramientas más importantes a la hora de hablar de crianza respetuosa es la conciencia, como padres, de nuestro propio estado de ánimo y aprender a manejar nuestro propio enfado para poder acompañar las emociones de nuestros hijos.

Gritar es algo que hacemos sin querer, nadie se levanta por la mañana y dice “hoy voy a gritar y reñir a mis hijos” esto aparece por una falta de autorregulación y una normalización del grito. Puede resultar útil hacerse como adultos un verdadero compromiso de “quiero dejar de gritar porque les daña, y me daña a mi” ya que luego aparece la culpa. Es recomendable hacer auto chequeo de en qué situaciones gritamos más, si cuando estamos cansados, estresados, en definitiva, ¿cuándo pierdo la paciencia?… Incluso ¿en qué momento del día soy más vulnerable a perder los nervios? y es ahí, tras la conciencia cuando puedo “verme venir” y comenzar a regularnos nosotros primero, usando recursos para calmar nuestro estado; antes de reñirle respirar tres veces, conectar, darnos un tiempo para tranquilizarnos e incluso reducir el número de estresores en ese momento. Gritar puede dar resultados a corto plazo, a raíz del miedo, el peque reacciona al acto y hace lo que le pedimos, pero a medio largo plazo va a aparecer el miedo, la frustración y el rechazo. Por tanto, unas dosis de paciencia, dedicación y
responsabilidad pueden ser un aliado.

Las emociones, tanto de papis o de peques, siempre vienen a contarnos algo, cuando los peques tienen una rabieta y los papis se enfrentan al mal comportamiento de sus hijos es importante ocuparse primero de los sentimientos antes que de la conducta, las emociones intensas no desaparecen al minimizarlas o rechazarlas “no tienes motivo para sentirte así” o “¡qué exagerado eres!” cuando hay un oyente que acepta las emociones del
niño con comprensión y empatía, favorece que disminuya la intensidad suavizando las emociones; visibilizar y servir de espejo de sus emociones “estás enfadado conmigo porque no te he comprado las galletas”, “tú querías esas galletas” o “debes haberte sentido muy dolido cuando tú maestra te ha gritado delante de todos” les da seguridad, validación y conciencia emocional que les servirá para el correcto desarrollo, preservando así el apego.

La comunicación con los peques debe basarse en el respeto y la habilidad,
comuniquemos para conectar con ellos, que se conserve el amor propio tanto del niño como del adulto y que las afirmaciones de comprensión se prioricen a los consejos o instrucciones. Cuando los niños experimentan emociones fuertes, no pueden aceptar consejos o criticas constructivas; quieren que comprendamos lo que les está pasando y empaticemos con su emoción. De igual forma, es importante que, en esta comunicación, se preserve siempre el amor y la identidad del peque, nunca criticar su forma de ser “¡ya lo has roto! eres un torpe”, cuestionar la conducta pero no la forma de ser del niño “con la pelota se juega fuera de casa, ayúdame a recoger los pedazos rotos” para evitar dañar su autoestima.

Por último, destacar la importancia de proporcionar unos límites claros y coherentes. Esto va a sentar las bases desde las que se van a sentir más seguros y capaces, al poder moverse dentro de unos márgenes seguros. Para establecer unos límites claros hay que pensar qué límites son importantes para su desarrollo personal, este aspecto, ¿entraña un riesgo para su salud? si lo entraña obviamente pongamos el límite, el segundo paso es transmitirlo de una forma adecuada, serena y asertiva “hoy te tienes que duchar” teniendo en cuenta su etapa evolutiva y comunicando de una forma que él pueda entenderlo, y habrá veces que no lo comprenderá y se enfadará, es lo esperable, aun así transmitirlo de forma compasiva y adecuada.

En definitiva, el contacto con la infancia puede ser complicado a veces, somos personas distintas con necesidades diferentes, un recurso poderoso para poder conectar con los más peques pasa por recordarnos a nosotros mismos, ¿si estuviera en esta situación con su edad, que necesitaría de este adulto?